La Tierra

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Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación vi a C. vestida como campesina del siglo pasado. Llevaba falda larga y en la espalda envuelto en un pañuelo estaba el niño.  Ella tenía una herramienta en la mano con la que intentaba labrar el campo. Pero parecía imposible. Sus esfuerzos no daban ningún resultado. Estaba agotada pero sin cesas daba golpes con su simple herramienta intentado cavar un agujero para poder plantar. Sentí la presencia de un aspecto más elevado de C. que lo observaba. Sus ojos estaban llenos de lágrimas. Dijo: “Hago todo lo que puedo pero mi tierra sigue siendo vacía.” Se activó la energía de la Cornalina y preguntó dónde estaba su tierra. C. se sorprendió. Se veía perfectamente el campo. Pues, parecía lógico donde estaba su tierra. El mineral hizo otra pregunta de quién era esa tierra. C. quería responder que era suya pero sus labios sin vacilar dijeron: “De mi familia.” La Cornalina abrazó a C. y le explicó: “El problema es que intentas trabajar la tierra que no es tuya. Es imposible. No te corresponde hacerlo. Por eso no ves los resultados. Es como frustrarte intentando abrir la puesta de los vecinos con la llave de tu casa. No es que la llave no funcione. Es que no es tu puerta. Y esa no es tu tierra.” La energía  de la piedra envolvió a C. cerrando sus ojos y concentrando su fuerza en su barriga. Desapareció el vestuario anticuado y el niño. La Cornalina susurró: “Ahora, ¡imagina tu tierra!” C. abrió los ojos. Estaba en el precioso jardín lleno de plantas y flores de varios colores. Se oía el suave susurro de alguna fuente. Había pájaros y varios insectos que parecían ser hadas. El mineral dijo: “Esta es tu verdadera tierra. Tu tierra, eres tú.” C. tenía ganas de llorar. Su jardín era precioso y mágico. 

Apareció la energía de Súper Siete. Se mezcló con la energía de C. que se convirtió en un felino de color violera. Un poco se parecía a un lince pero era más grande y esbelto. El Súper Siete le explicó: ¿Ves que preciosa es tu tierra? Es el jardín lleno de magia. No necesitarás esforzarte más si lo encuentras entro de ti. Yo te doy la calma y paz para que puedas descansar. Lo mereces. ¡Permítetelo!” C. convertida en el felino violeta buscó un lugar en la sombra del precioso arbusto lleno de flores blancas. Buscó la postura cómoda y se durmió sintiéndose segura y contenida por la magia de su propio jardín.

Cuando se despertó hizo unos estiramientos tal como lo hacen los gatos sintiendo que ágil se había vuelto su cuerpo. Se acercó la energía del Ágata Negra. En la mano sostenía una llave. Dijo: “Ahora reconoces dónde está tu tierra, cómo es y qué te aporta. Observa tus límites.” C. gato se dio cuenta de que había una valla que rodeaba su jardín. Era muy bonita, hecha del metal forjado de varias formas ornamentales. También había muchas rosas que aunque tenían flores preciosas también llevaban muchas espinas para no dejar entrar a nadie. Había solo una puerta. C. tenía la única lleve que la abría. El mineral continuó: “No deberías dejar entrar a todos a tu precioso jardín. Hay personas que no lo van a respetar tal como merece. Es tu jardín y yo no puedo obligarte a que lo honres poniendo limites. Pero te puedo ayudar a entenderlo. ¡Siénteme cuando necesites sentirte segura en tu jardín! Imagina preciosas rosas con espinas afiladas y a mí en la puerta. Si lo deseas protegeré la entrada.” 

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Corazón del Dragón

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La primera imagen que vi después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación me impactó. Vi a S. rodeada por las personas cuyas caras no distinguía que la golpeaban con fuerza.  Dejaron su cara deformada, sangrienta e hinchada. Sentí la energía de su Cuarzo Rosa. La miré preguntando por qué no actuaba, por qué permitía que esa gente le hiciera tonto daño a S. El Cuarzo solo dijo: “¡Obsérvalo bien!” Miré otra vez el espantoso escenario donde S. ya estaba de rodillas sin poder aguantarse de pie. Las personas desaparecieron. La mujer cogió el aire y se estremeció. Luego se levantó. Movió un poco su cuerpo como si quisiera recuperarse y dijo simplemente: “¡Más!” Aparecieron nuevas personas que empezaron a darle puñetazos. Miré desconcertada al mineral. Dijo: “Es que S. cree que así debería ser. Que debe dar totalmente todo de sí misma a los otros. No le importa que le hagan daño y que no respete sus límites. Se recupera y otra vez invita a las energías a que la invaden y la dejen casi sin aliento. Cree que eso exactamente es lo que debe hacer. De alguna manera incluso está contenta. ¿Sabes porque no le ayudo a abrir su corazón? Porque permitiría saquearlo. Abriría las puertas para todos casi invitándoles a robar sus tesoros más valiosos. Por eso no le muestro que verdaderamente le puedo aportar. Así la protejo.” Estaba claro que S. y su mineral necesitaban ayuda para poder establecer un vínculo real. En ese momento sentí el susurro de las alas. Delante de S. y el grupo de personas que la pegaban aterrizó el enorme Dragón Blanco. Gritó con la voz firme: “¡Basta!” Las personas desaparecieron. El Dragón abrazó con sus alas a S. y la acercó a su precioso y majestuoso cuerpo. La  mujer oyó el latido del corazón del Dragón. De repente se derrumbó como si permitirse la ternura y la caricia la hubiera dolido más que los golpes de la gente. Sintió mucha tristeza. Las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas. Susurró: “¡Déjame! Tengo deuda por saldar.” Me pareció que era una cuestión kármica que llevaba ya varias encarnaciones intentando sanar. La voz del Dragó Blanco resonó en el interior de S.: “Te equivocas. Ya la has saldado muchas veces. Ahora creas otra deuda. La deuda que tienes a tu propia alma por no respetarte.” Se acercó la energía del Cuarzo Rosa. El Dragón la abrazó tal como lo había hacho con S. Lo que pasó luego fue muy mágico. La energía del mineral unió el corazón del Dragón con el de Sandra. Se hizo un símbolo del infinito que vibraba expandiendo el color rosado de la piedra. El mineral explicó a la mujer: “Siente el latido del corazón del Dragón en tu pecho! ¡Hónrate y respétate!”  La tristeza de S. se desvanecía poco a poco con cada pulsación que sentía. Percibía el latido del Dragón y al mismo tiempo sentía en su mano su Cuarzo que la apoyaba y sostenía.  Sabía que era el momento de empezar de nuevo. Delante de ella se abría un camino. Solo tenía que rendirse y reconocer que tenía el corazón del Dragón.

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Confianza

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Después de pedir el permiso para abrir el canal de comunicación vi a B. en la calle de una ciudad que parecía abandonada. Era de noche. Todas las ventanas parecían agujeros negros. B. tenía una pierna herida. La arrastraba intentando escapar aunque no se veía nada ni nadie que la persiguiera. De repente se activó la energía de la Amatista convirtiéndose en una muleta. B. se asustó y en lugar de utilizarla para apoyarse la tiró muy lejos. En el mismo momento apareció un hombre. Realmente era la energía de la Cornalina. Intentó sujetar a la mujer pero ella le empujó medio asustada medio enfadada. Por si fuera poco delante de ella apareció una silla de ruedas que representaba la energía del Cuarzo Verde. B. pensó que realmente el Universo se estaba riendo de ella. Se sintió ofendida. Ella misma sabía cuidarse perfectamente. No necesitaba que la llevaran en una silla de ruedas. Eso ya era demasiado. Casi grito: “¡Basta! ¿Qué está pasando aquí?” Todos los minerales cobraron las formas humanas. La Amatista susurró: “Solo queremos ayudar.” B. respondió con firmeza: “No necesito ayuda.” La Cornalina murmuró: “Ya lo vemos.” El Cuarzo Verde añadió: “Bueno. Pues, ¿quizás nos acompañes al parque? Solo para charlar un momento.” B. asentó con la cabeza y fueron al parque cercano. Se sentaron en un banco.

Primera empezó a hablar la mujer que encarnaba la energía de la Amatista: “Hay mucha guerra dentro de ti. Sueles esperar lo peor. Y lo peor suele venir.   Por eso intentas protegerte y huir a toda costa. No te pido que veas el mundo de color rosa porque no lo es. Pero tampoco es tan negro. Mi ayuda consiste en enseñarte como no esperar nada y dejar las expectativas.  Te ayudo a entrar en el Silencio.” La energía del mineral se colocó en el corazón de B. La mujer se dio cuenta  que siente una agradable sensación de calma y paz. Cogió el aire y se relajó.

La energía de la Cornalina la envolvió con su cálida energía. B. susurró: “Y ahora tú me vienes para que confiara en la gente. Ya te aviso, ¡no te pases! Conozco a las personas. Sé que puedo esperar de ellas.” La energía de la Cornalina se colocó en la barriga de la mujer.  Luego oyó su voz en su interior: “No te pido tanto. Lo que quiero despertar dentro de ti es la Esperanza. Abrir una brecha para que por lo menos puedas ver la luz en la oscuridad.” B. se dio cuento de que la noche se terminaba. Empezaron a cantar los pájaros y los primeros rayos del Sol habían iluminado las hojas de los árboles del parque. Sintió su calor en la cara y en todo su cuerpo. Sintió la Esperanza.

El Cuarzo Verde susurró: “Te puede parecer mentira pero nunca estás sola. No hace falta que lidies con todo en solitario. Pide ayuda al Universo. Yo te aporto la Confianza que todo irá bien.” B. por un lado tenía ganas de decir a todas esas locas energía que estaban equivocadas en todo pero se sentía tan bien que no dijo nada. Sentía el Silencio en su corazón, la Esperanza en su vientre y la Confianza que llenaba todo su ser. Miró su pierna. Ya no estaba herida. La ciudad que antes parecía abandonada poco a poco se llenaba del movimiento de la gente que se estaba despertando. B. respiró el aire fresco de la mañana. Se levantó y con paso lento y firme se fue a la ciudad para conocerla de verdad.

El Minotauro

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Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación vi a E. muy estresada intentando trenzar unos hilos de colores que se amontonaban en la mesa. Estaban muy enredados y parecía imposible seguirlos por separado. E. se sentía como Ariadna enamorada de Teseo. Como si realmente de ella dependiera la vida  de los jóvenes atenienses y su amado. Necesitaba trenzar el hilo para salvarlos. Pero todo estaba muy liado y enmarañado. Estaba a punto de llorar. Levantó la vista. Delante de ella había una mujer sentada. Era la energía de su Amatista. Se parecía un poco a la profesora McGonagall de los libros de Harry Potter. Clavó la mirada muy severa a E. La miraba casi con desprecio. E. se puso todavía más nerviosa. De repente su Amatista golpeó fuertemente con la mano la mesa y gritó: “BASTA.” El manojo de hijos cayó al suelo enredándose aún más. E. miraba ese desastre con ojos llenos de lágrimas. No entendía porque su mineral la trataba de esa manera en lugar de ayudarla arreglar los hilos y quizás también tejerlos. Mirando todo el desorden pensó que no debía obedecer a esa energía. Tenía suficiente poder y fuerza para decidir por ella misma que quería hacer. Levantó la mirada preparada a un enfrentamiento. Vio la cara muy cambiada de su Amatista. Sonreía contenta. E. estaba muy desconcertada. Justo cuando se había empoderado desapareció el contrincante. Su mineral se excusó: “Lo siento. Es que a veces parece que la vida tiene que apretarte para que te empoderes. ¡Perdóname! Ahora tengo un mensaje para ti. Pues, lo siento mucho pero – nada depende de ti.” E. miraba la gran sonrisa de la mujer que encarnaba la energía de su Amatista. Meneó la cabeza diciendo: “Te equivocas. Todo depende de mí.” Su piedra siguió sonriendo. Se inclinó un poco y susurró: “Bueno, depende como lo mires. Pero te juro que no puedes salvar a nadie. Gastas un montón de energía, pensando en los que te rodean y completamente te olvidas de ti misma. Mira, prueba ahora en lugar de hacer el hilo que salve a Teseo y los jóvenes atenienses, simplemente hilar la lana y luego tejer un jersey. ¡Pruébalo!” E. recogió los hijos del suelo y se sorprendió porque ya estaban bien ordenados. Todos  tenían el mismo color. Eran rojos. Sin saber cómo, en menos de lo que canta un gallo, terminó precioso y caliente jersey. Miró a su profesora que propuso: “¿Qué te parece si ahora buscamos a tu Minotauro.?” Fueron juntas a un laberinto. Era el laberinto de la Diosa. E. entró un poco indecisa. Después de unos minutos vio al Minotauro sentado en el suelo. Apoyaba la espalaba en la pared. Parecía abatido. No miraba a E. en el momento de hacerle le pregunta que la sorprendió: “¿Has venido a matarme?” E. no sabía que pensar. Se sentía como si todo lo que le habían contado, lo que había aprendido no fuera la verdad. El monstruo no parcia ni monstruo ni peligroso. Se acercó a él y se sentó a su lado. El tiempo pasaba. Finalmente E. dijo: “Te he traído el jersey.” El Minotauro la miró desconcertado pero aceptó el regalo. Se puso el jersey. La imagen era divertida. Un enorme hombre con la cabeza el torro en jersey rojo con los ojos que saltaban chispas de alegría. E. oyó en su interior el mensaje de su mineral: “No puedes salvar a nadie porque la salvación de otros no depende de ti. Sin embargo puedes salvar lo que resguarda el laberinto de la Diosa. El único tesoro. Puedes salvarte a ti. Tu parte salvaje, tu fuerza. Solo tienes que mirar hacia dentro. Ponerte a ti misma en primer lugar por encima de tus propias exigencias. ¡Adéntrate en el laberinto donde te espera lo desconocido! ¡Abrígalo y abraza! Así conseguirás desenredar tu vida. No luches conmigo. No es mi intención. Entiende mi función en tu vida. Soy tu maestra que te acompaña hacia el laberinto de tu corazón. Hacia dentro.” E. cogió de mano al Minotauro. Se miraron a los ojos y empezaron a caminar juntos.

El tejido

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Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación sentí la energía del Cuarzo Aura fluyendo con mucha facilidad a través de la garganta de A. No percibía el resto de su cuerpo. Solo su cuello del cual salían olas de la energía de color del mineral que se expandían entre la luz blanca convirtiéndose en las cintas que opalizaban y hacían destellos de arcoíris. Me di cuenta de que una y otra vez me estaba despistando como si la energía era tan elevada y al mismo tiempo sutil que no consiguiera seguirla y darle forma. Intuía que a A. podría pasar lo mismo.

Se activó la energía del Ágata. La imagen cambió. Vi a A. sentada enfrente de un antiguo telar de madera. Era la energía del Ágata que había creado la herramienta para que A. pudiera entrelazar los hilos que creaba junto con la energía del Cuarzo Aura. Todo estaba preparado pero la mujer no empezaba a tejer. Faltaba algo. Pero ni siquiera ella sabía qué. Miró sus manos donde estaba una pieza, una lanzadera, donde debería estar enrollado el hilo necesario para tejer.  Estaba vacía. De repente sintió la presencia de alguien detrás de ella. Dio media vuelta y vio a un extraño hombre apoyado en el marco de la puerta. Se dio cuenta de que no era un hombre normal. Era el lobo convertido en el hombre.  Cuando lo pensó en la cara del hombre se dibujo una gran sonrisa como si ella hubiera aprobado un examen. Se convirtió en el lobo y se acercó al telar. Se sentó al lado izquierdo de A. que supo que acababa de llegar lo que le faltaba. Miró a su lobo. En su cuello colgaba una llave. La cogió y entonces en sus manos apareció una cajita muy bonita. La abrió con la llave. Dentro vio su corazón. Eso no la sorprendió nada de nada. Lo cogió como si fuera un manojo de lana cruda de color rojo. Primero lo hilo y luego se puso a tejer creando una preciosa tela de color de su corazón.

Otra vez cambió el escenario. Vi a A. suspendida en el aire. De sus manos salían los rayos de color crema como el del Ágata, de la garganta otro de color del Cuarzo Aura y del corazón uno de color rojo. Juntos creaban un hilo precioso que se perdía en el infinito. A. estaba segura y contenta viendo como daba forma a los rayos de colores convirtiéndolos en el hilo precioso y mágico.

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La Chispa

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Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación vi una imagen muy curiosa. Era una esfera que parecía ser de algún metal muy resistente. Pero al mismo tiempo emanaba oleadas de luz que se expandían en olas de colores como si fuera un arcoíris. Se presentó la energía del Ojo de Tigre e hizo posible ver que había dentro de la esfera. Las oleadas de energía que se percibía eran el resultado de choques que daba una dorada chispa que estaba encerrada dentro. Se movía a gran velocidad y al golpear a los bordes de la esfera descargaba mucha energía. Sentí a C. al lado de su Ojo de Tigre observando desde fuera la esfera metálica. El mineral la abrazó diciendo: “Es tu chispa que intentas controlar. De alguna manera lo consigues. Percibes un poco de su energía pero ni siquiera tocas su verdadero potencial. De esta manera no la controlas. La encarcelas. Lo haces de forma instintiva. Es un mecanismo de supervivencia. ¡Mira, dentro de ti! ¿Qué realmente temes?” C. miraba la esfera metálica sintiendo como su chispa fracasaba en los intentos de escapar de su cárcel. Cerró los ojos y dijo: “Tengo miedo de perderme a mí misma.” El Ojo te Tigre la abrigó todavía más y susurró a su oído: “Si encarcelas a tu chispa. Tarde o temprano te sentirás agotada. Pensarás que el camino que has elegido no es correcto. Se abrirá una brecha en la esfera y perderás tu chispa. Tus miedos se cumplirás. El miedo nunca es buen consejero. Todavía menos cuando es el miedo no reconocido, disfrazado por una mera intención de tener control. Mira, ¿has pensado por qué te caigo tan bien? Porque justo hago lo que anhelas. Sé contener el Sol dentro de mi cuerpo físico y estable. Tú también puede contener tu chispa. ¡Pero no como algo externo! Tienes que integrar tu gran potencial y entender que el único espacio que necesita es tu cuerpo físico. La verdadera vasija que necesita tu luz, es tu corazón.” C. observaba la esfera de metal con la chispa dentro y en su interior sentía que su Ojo de Tigre tenía razón. La piedra continuó: “Siente mi energía. Imagina el Sol dentro de mí. ¿Cómo es?” C. dijo solo una palabra: “¡Feliz!”. El Ojo de Tigre siguió hablando: “Sí, es feliz. Y tu chispa también estará feliz cuando realmente la incorpores dentro de ti.” C. brazada por la energía del mineral sintió como se introducía en la esfera metálica que en ese momento despareció. La mujer sintió el impacto en su corazón. Estalló allí una luz dorada. Sus rayos se conectaban primero con sus manos, luego con todos los chacras, después órganos y glándulas. Al final se percibía los hijos dorados que conectaban su corazón con cada una de sus células y un grande tubo de luz que bajaba hacia el corazón de Madre Tierra. En ese instante C. sintió como si estuviera dentro de su Sol Interno. Era una habitación en la que reinaba paz y contemplación. Miró abajo y vio a una gata negra. Oyó su voz en la cabeza. “Cuando te conectas con tu verdadero ser, con tu luz y entiendes que eres la vasija que la contiene, te das cuenta de que eres parte de la Tierra y que realmente ella te contiene a ti. Pues, puedes viajar por las dimensiones y nunca te perderás. Porque siempre tendrás el hilo dorado que te llevará a casa. Eres un ser multidimensional tal como yo. ¿Te apetece viajar conmigo?” C. se sentía muy emocionada y al mismo tiempo como si quitara un peso de encima. No se daba cuenta cuanta energía gastaba para retener a su chispa. Miró a la gata y le respondió: ¿A qué esperamos?” y sonrió sintiendo la felicidad.

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La Reina del Mayo

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Después de pedir el permiso para abrir el canal de comunicación vi a C. sentada al lado de una gran hoguera. Era Beltane, la fiesta celta que se celebra la noche del 30 abril. Es una fiesta de alegría y colores cuando se celebra la fertilidad y la sexualidad, el ciclo de la fecundación y la floración. C. observaba como los campesinos bailaban, comían y bebían. Como las parejas desaparecían ente los árboles. Ella se sentía muy lejana a todo eso. A su lado se sentó el hombre vestido de morado. Era la encarnación de la energía de su Amatista. Preguntó: “Por qué no vas a festejas el inicio de la vida con los otros?” Para decir la verdad C. no sabía qué responder. Todo le parecía tan separado de ella. Estaba allí mirando la hoguera pero no sentía su calor. Veía a la gente que se dejaban llevar por la pasión pero dentro de ella no se despertaba ninguna emoción. Solo miraba. No se sentía mal. Más bien no sentía nada. Como si solo sus ojos percibieran la viada que pasaba delante de ella. Pensó que la vida siempre tenía su fin. Amatista sintió todo eso y en lugar de insistir que C. fuera hacia la hoguera a bailar con los otros, se levantó. Ayudó a ella levantarse también. Dijo: “La vida no se termina nunca. Solo cambia de forma. Mira la hoguera! Solo a ella. No importa la gente. Mira el fuego. El fuego es la pasión pura. La pasión sin pizca del pensamiento u opinión. Solo sentir. Ahora cierra los ojos!” La chica hizo lo que le había pedido Amatista. Sintió su energía en el pecho. Y de repente sintió allí la hoguera. Fuego intenso y abrazador. Se asustó un poco pero al mismo tiempo el calor del fuego la llenaba poco a poco de la alegría. La llenaba de la vida. Oyó en sus adentros la voz de Amatista: “No te esfuerces buscando la vida fuera de ti. La tienes dentro de tu corazón. Allí puedes calentarte con la hoguera de tu pasión.” C. sentía como despacio se derretía esa sanación de no pertenecer al mundo que la rodeaba. Porque ella se había convertido en su mundo.
Pero cuando abrió los ojos no la esperaba la fiesta. Se vio con una cadena que rodeaba su cuello. Todo estaba gris y no se veía el horizonte. La cadena que pesaba y casi la ahogaba se perdía en el infinito. Apareció la energía de Fluorita. El mineral no dijo nada pero C. supuso que debería poder quitarse la cadena. Miró a Fluorita con los ojos llenos de lágrimas y susurró: “No puedo. No puedo quitármela. No puedo.” Estaba desesperada. Como si estaba condenada a vivir con esa cadena en el cuello en el paisaje gris toda la vida. Fluorita la abrazó y dijo: “Respeta tus limitaciones! Respeta tus sentimientos! No puedes forzar nada porque eso te lleva solo a la tristeza. Pero todo se puede ver de manera distinta.” La cadena que ahogaba a C. empezó a brillar de color verde clarito. Comenzó a disminuir hasta que se hubiera convertido en una preciosa cadenita de color verde. C. estaba sorprendida. Incluso le gustaba esa preciosa cadenita verde Fluorita continuó: “Puedes llevar las cicatrices con orgullo porque muestran tu valentía. La valentía necesaria para poder sanar tus heridas. La otra cadena te unía con los que te había herido. Te sentías esclava. Pero mira, ahora tu cadenita. Sigue rodeando tu cuello pero forma un círculo que incluso te embellece. Pues, no es la cadena como tal la que te ahogaba sino como tú la percibías. No tienes que quitártela. Solo tienes que ver su belleza.” C. se vio reflejada en un precioso espejo que tenía el marco de Ágata Musgo. Se veía como una mujer hermosa que llevaba una corona de flores, con una preciosa cadenita verde y el vestido morado. Ágata Musgo comentó: “La pasión está dentro de ti. Tu fragilidad te hace preciosa. Siente la corona de flores en tu cabeza porque eres la Reina del Mayo. La Reina de Beltane. Y ahora vive la vida desde tus adentros respetándote siempre. No fuerces nunca nada. Eres una mujer cíclica. No lo olvides.”

El taller

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Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación vi a A. al lado de una mesa en la que se veía los planos de una casa. A su lado estaba un arquitecto. Era la forma en la se había manifestado la energía de Jade. A. parecía frustrado. Tenía muchas ideas en la cabeza. Le parecía que todo tenía claro pero a la hora de crear un proyecto y plasmarlo en los planos algo se le escapaba. No sabía hacer realidad su sueño. El arquitecto Jade le puso la mano en el hombro para tranquilizarlo. Dijo: “A., cálmate! Lo haces todo muy bien. Solo tienes que clamar tu mente. Todo va bien y tiene el ritmo perfecto.” Apareció la energía de Malaquita. Tenía el aspecto del hombre de limpieza. Un poco refunfuñando dijo: “Este aspecto es solo para que entiendas mejor mi función. Llevo escoba, una fregona y un cubo porque hago la limpieza. Con la mente limpia puedes idear más fácilmente tu futuro.” En ese momento sentí también la energía de Amazonita. Se unió a la labor de Malaquita diciendo: “Yo refrescaré tus ideas.” A. se sintió muy feliz. Tenía consigo el arquitecto Jade que repasaba los planos. Lo que su mente no necesitaba, la energía de Malaquita llevaba hacia la Tierra. Al mismo tiempo sentía la energía de Amazonita, una suave brisa que abría su mente hacia la inspiración. Sí, A. se sentía muy feliz. En ese momento se oyó que alguien tocaba a la puerta. Cuando la abrió vio a la energía de Prehnita. No sabía si dejarla entrar. Estaba indeciso tapando la entrada con su cuerpo. Finalmente Prehnita empezó a hablar: “Bueno A., qué tal tus proyectos?” Y sin esperar la respuesta continuó: “Mira! A veces te entusiasman tanto tus sueños que se te olvida dejar la puerta abierta a la vida que también sigue fuera de tu taller. Mi función es relacionar tus dos mundos, el interno y el externo.” Apartó al hombre sorprendido y entró sin decir nada más. A. confuso siguió en la puerta. Vio fuera las energías de Piedra Sol y Cianita. Piedra Sol extendió la mano y le invitó a dar un paseo. A. resopló. No tenía ganas de salir de su taller. Ahora todo iba tan bien. Piedra Sol se acercó y susurró como si quisiera contarle un secreto: “Sabes que tu taller llevas dentro de tu corazón?” A. hizo una mueca que decía claramente que no tenía ni idea de que hablaba. Piedra Sol expandió su energía y de repente todo el taller se convirtió en un artilugio mágico y se colocó en su corazón. Cianita dijo en voz muy alta: “Ey, yo también sé hacer magia!” Y convirtió todo el mundo externo en otro artefacto que también se situó en su corazón. La imagen era espectacular. A., Piedra Sol y Cianita estaban suspendidos en el cosmos. Se veía las estrellas y las galaxias. Piedra Sol y Cianita en forma de dos personas pusieron sus manos en los hombros de A. y crearon juntos un círculo. El hombre cerró los ojos recibiendo la energía de los minerales. Piedra Sol comenzó a explicar lo que había pasado. Dijo: “Tu mundo interno está bien sostenido por la energía de Malaquita, Jade y Amazonita. Allí creas tus proyectos. Pero necesitas entender que aunque constituyen una parte primordial para ti si no abres la puerta al mundo exterior no podrán florecer. Yo te ayudo a expandirte.” Continuó Cianita: “Por más raro que te parezca, tus proyectos no solo influyen en el mundo que te rodea. Tienen el eco en todo el universo porque realmente todos los mundos, es uno solo.” Se oyó la voz de Prehnita: “Yo soy la energía que puede moverse entre los planos. Puedo relacionarlos. Puedo unirlos. Solo necesito que abras la puerta de tu mundo interior. Porque solo entonces, sucede la magia.”
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Horus

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Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación vi a A. de espalda alejándose de mí. La distancia se hacía cada vez más grande y no estaba segura si debería intentar alcanzarla. De repente la imagen cambió. A mi lado apareció Horus, el Dios de la cabeza de halcón del Antiguo Egipto. A. empezó a acercarse a él. Horus tenía la cabeza inclinada. Sin mirar directamente a ella, extinguió la mano para detenerla. Preguntó a dónde iba y ella respondió simplemente “voy adelante”. Y explicó: “Lo hacemos los humanos. Vamos adelante. Eso se llama la expansión.” Horus afirmó: “Una cosa es la expansión y otra huir. No se perecen nada de nada.” Guardó el silencio y luego continuó: “Cada uno de nosotros tiene las heridas. Nuestra voluntad hace posible la sanación aunque las cicatrices siempre se quedan.” Levantó la cabeza y A. dio un paso atrás, tanto la impactó la imagen. En lugar de uno de los ojos de Horus se veía un agujero vacio. La herida estaba infectada, hinchada, supuraba pus. El Hombre Halcón hizo un gesto con la mano y la herida se curó. Seguía un agujero grande pero lo que lo rodeaba era sano y tenía el color natural. A. se acercó otra vez al Dios del Antiguo Egipto y vio que en su mano había aparecido su colgante. Horus lo tapó con otra mano. Clavó su mirada en ella y preguntó: “¿Quieres que impregne mi energía en esos minerales para que puedas sanar tu herida?” A. pareció no estar segura de eso. En lugar de responder sí o no, preguntó: “Primero quiero saber cuál es mi herida.” Horus abrió sus manos para observar los minerales y luego respondió: “Te lo puedo decir. Naciste con un prisma en los ojos. Un prisma que divide en las fracciones todo lo que te rodea. Te es imposible ver la realidad tal como es porque siempre te enfocas solo en un aspecto de la verdad de la vida. Y eso hace que su real significado se te escapa y a consecuencia no consigues sentirte completa.” A. le miró con la cara que expresaba desconcierto. Susurró: “No me respondes. No es ninguna herida. No es lo que busco.” Horus clavó su único ojo en ella. Con la voz muy dulce dijo: “Sí que te respondo. Es el propósito de tu vida. Unir lo que está separado. Es lo que has llegado a aprender porque en otras vías ya habías aprendido a dividir. Para que el juego fuera más interesante has empezado la vida con la visión dividida. Tu aprendizaje se basa en sentirte entera. Y al no poder hacerlo tu herida sangra y se infecta. Estos minerales vinieron para mostrarte la unión entre tres fuerzas. El Cuarzo es ver la luz, percibir la información tal como te llega, sin interpretarla. La Amatista es la fuerza trasmudara, es todo lo que puedes aprender en esa vida. Y la Cornalina debería darte la base. Es tu cuerpo. Es amor por todo lo físico. Pero tú sueles polarizarte. Estar solo en una de las franjas y olvidar las otras. ¿Quieres que te ayude a integrar esos tres aspectos tuyos?”. A. meneó la cabeza aceptando la propuesta de Horus. Él se acercó a ella. Le puso el colgante en el cuello y luego colocó sus manos en sus ojos. A. tenía ganas de llorar. Tenía la sensación que en sus ojos había esquirlas de hielo que se derretían gracias a la energía de Horus. Tenía la sensación que hasta ahora en su vida siempre faltaba algo. Pero la verdad era que ya tenía todo. Solo que no se daba cuenta de eso. Las energías de los minerales se colocaron formando un triangulo que empezó a dar vueltas. Se situó a la altura de su tercer ojo. Horus continuó: Todo ya está perfecto. Solo que tienes que ajustar tu visión. Equilibrar tu vida de acuerdo con los tres principios. Cada día, guiada por Amatista, aprende y trasmuta la información en sabiduría. Cada día, guiada por el Cuarzo, encuentra el momento de desconectar y simplemente fluir en la luz del universo. Cada día, guiada por la Cornalina, honra tu cuerpo y mímale. Une, lo que te parece separado y así te sentirás plena y realizada.” La vibración de los minerales se expendía cada vez más. Crearon una gran esfera cuya base profundizaba en la tierra. A. abrió los ojos y vio delante de ella un camino. Miró al Horus que estaba a su lado. El Dios le preguntó: “Preparada para continuar el camino?” A. cogió aire y asintió con la cabeza. Y comenzaron a caminar.

Semillas

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Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación me pareció ver a C. como a una niña de más o menos 7 años. Estaba en un curioso bosque con muy pocos árboles. Parecía más bien una plantación de eucaliptos disparcitos en el espacio. En las manos tenía la esfera de la piedra muy grande envuelta en una tela. No parecía pesada. La niña estaba corriendo. Parecía que algo la perseguía. Su objetivo era esconder a esa piedra. El mineral susurró: “No me escondas.” Pero C. ni se percató de ello. Estaba totalmente centrada en huir del peligro. Aunque de aspecto era una niña más se parecía a una madre que a toda cuesta intenta salvar a su hija. Abrazaba el mineral teniendo cada vez más fuerte la sensación que no podía escapar. Que el peligro estaba cada vez más cerca. La esfera empezó a disminuir. Cuando C. por fin la miró vio una esfera que cabía en una sola mano. Comenzó a llorar pensando que la magia de la piedra se había desvanecido. Su primer impulso fue enterrarla. Oyó la voz del mineral a su lado: “No lo hagas. Yo nunca muero. Solo estoy representando una parte tuya. ¿Quién soy para ti?” La imagen no había cambiado pero aunque de aspecto C. seguía siendo una niña respondió C. adulta: „Eres mi luz.” El mineral no estuvo de acuerdo. “Tu luz nunca va a desaparecer, ni menguar. Lo que represento en esa escena es tu inocencia. La inocencia que querías salvar a toda costa. Inocencia que te pareció muerta. Pero no es verdad. Tu inocencia tampoco puede desaparecer. Solo se ha transformado. Se ha convertido en una semilla. Mira que llevas contigo!” C. se sorprendió porque no se había dado cuenta que llevaba una bolsa atada a su cintura. Al abrirla vio muchas semillas diferentes. El mineral continuó: “Hora te toca sembrar otras semillas. Tu inocencia es solo una de ellas. Eres ya preparada para esparcir las semillas de Dios.” C. parecía incapaz de hacerlo. La imagen era extraña como si su cuerpo comenzara a diluirse en el aire. Cerró los ojos rindiéndose. Apareció Kwan Yin, la Diosa de la Misericordia y Comisión. Con una cinta gruesa envolvió todo el cuerpo de C. Dijo: “Tu divinidad empieza en tu cuerpo. Ámalo y rodea con misericordia! Llénalo con compasión hacia ti misma. Tu alma vive en cada una de tus células. Eres una jardinera como yo. Vas a sembrar semillas por todo el mundo pero ahora, antes de empezar tienes que recuperar el sagrado espacio de tu cuerpo. Hónralo y así le devuelves la integridad.” C. sintió como le sujetaba la cinta rosa de Kwan Yin. Abrió los ojos. Ya no era una niña asustada sino una mujer preciosa. Kwan Yin continuó: “Abandona el bosque de tus recuerdos. Ven conmigo!” Le cogió de la mano y la guió hacia una preciosa jungla llena de vida. Contemplando la exuberancia de la vida, le dijo a C.: “Este es el lugar donde crecerán tus semillas. Es un nuevo sitio para que puedas empezar de nuevo.” C. miró su mineral. Lo vio como una gran puerta hacia la infinidad de las potencialidades. Como la apertura hacia el universo. Y al mismo tiempo como una bolsa llena de semillas listas para sembrar.

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