Mensaje de la Rodonita y la Osa

colgante rodonita


Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación vi a Carla sentada, en un comedor bebiendo café. La casa era de estilo Bauhaus. Con ventanas grandes. Todo minimalita, de buen gusto. Ella estaba mirando por la ventana, con la taza del café en las manos. Fuera se veía los arboles grandes, parecía que la casa estaba en la montaña, todo era cubierto de la nieve. Carla estaba pensando que debería hacer ahora. Con un tono de determinación, de la convicción que tenía que tirar adelante y que lo podía hacer. Solo que no sabía como. Estaba respirando profundamente como si quisiera recobrar las fuerzas. En un momento se levantó, se vistió. Al salir, se adentró en el bosque que rodeaba la casa. Llegó hasta una cueva y entró en ella. Dentro estaba durmiendo una osa con los pequeños ositos. Carla, como si nada, como si la osa fuera su amiga, quitó la chaqueta y se sentó a su lado. La osa se despertó poco a poco y con la voz somnolienta saludó a Cristina. Dijo con ternura: “Hola, me alegro que hayas venido. Mira, estos son mis hijos. Acaban de nacer.” Al mirar los ositos, dormidos tan placidamente, Carla rompió a llorar. Era como si hubiera estallido una burbuja, y toda ese amor, tranquilidad y ternura que se sentía hizo derrumbar algún muro en su corazón. La osa dijo: “Ven a mi lado, siente mi calor.” Y Carla se acurrucó al lado de los ositos, sintiendo el calor y respiración la madre osa que le contaba: “Mis hijos nacen en invierno, cuando parece que todo muere. Cuando parece que muero yo. Pero de verdad es el principio del nuevo ciclo. Para empezar lo nuevo, tiene que morir una parte de nosotros. Eso no es ni bueno ni malo. Forma parte del milagro de la vida. Llora! Es normal, te despides con la Carla que ha muerto para recibir la que acaba de nacer. Date tiempo y luego sal de la cueva. Fuera te espera la primavera.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *