El Minotauro

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Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación vi a E. muy estresada intentando trenzar unos hilos de colores que se amontonaban en la mesa. Estaban muy enredados y parecía imposible seguirlos por separado. E. se sentía como Ariadna enamorada de Teseo. Como si realmente de ella dependiera la vida  de los jóvenes atenienses y su amado. Necesitaba trenzar el hilo para salvarlos. Pero todo estaba muy liado y enmarañado. Estaba a punto de llorar. Levantó la vista. Delante de ella había una mujer sentada. Era la energía de su Amatista. Se parecía un poco a la profesora McGonagall de los libros de Harry Potter. Clavó la mirada muy severa a E. La miraba casi con desprecio. E. se puso todavía más nerviosa. De repente su Amatista golpeó fuertemente con la mano la mesa y gritó: “BASTA.” El manojo de hijos cayó al suelo enredándose aún más. E. miraba ese desastre con ojos llenos de lágrimas. No entendía porque su mineral la trataba de esa manera en lugar de ayudarla arreglar los hilos y quizás también tejerlos. Mirando todo el desorden pensó que no debía obedecer a esa energía. Tenía suficiente poder y fuerza para decidir por ella misma que quería hacer. Levantó la mirada preparada a un enfrentamiento. Vio la cara muy cambiada de su Amatista. Sonreía contenta. E. estaba muy desconcertada. Justo cuando se había empoderado desapareció el contrincante. Su mineral se excusó: “Lo siento. Es que a veces parece que la vida tiene que apretarte para que te empoderes. ¡Perdóname! Ahora tengo un mensaje para ti. Pues, lo siento mucho pero – nada depende de ti.” E. miraba la gran sonrisa de la mujer que encarnaba la energía de su Amatista. Meneó la cabeza diciendo: “Te equivocas. Todo depende de mí.” Su piedra siguió sonriendo. Se inclinó un poco y susurró: “Bueno, depende como lo mires. Pero te juro que no puedes salvar a nadie. Gastas un montón de energía, pensando en los que te rodean y completamente te olvidas de ti misma. Mira, prueba ahora en lugar de hacer el hilo que salve a Teseo y los jóvenes atenienses, simplemente hilar la lana y luego tejer un jersey. ¡Pruébalo!” E. recogió los hijos del suelo y se sorprendió porque ya estaban bien ordenados. Todos  tenían el mismo color. Eran rojos. Sin saber cómo, en menos de lo que canta un gallo, terminó precioso y caliente jersey. Miró a su profesora que propuso: “¿Qué te parece si ahora buscamos a tu Minotauro.?” Fueron juntas a un laberinto. Era el laberinto de la Diosa. E. entró un poco indecisa. Después de unos minutos vio al Minotauro sentado en el suelo. Apoyaba la espalaba en la pared. Parecía abatido. No miraba a E. en el momento de hacerle le pregunta que la sorprendió: “¿Has venido a matarme?” E. no sabía que pensar. Se sentía como si todo lo que le habían contado, lo que había aprendido no fuera la verdad. El monstruo no parcia ni monstruo ni peligroso. Se acercó a él y se sentó a su lado. El tiempo pasaba. Finalmente E. dijo: “Te he traído el jersey.” El Minotauro la miró desconcertado pero aceptó el regalo. Se puso el jersey. La imagen era divertida. Un enorme hombre con la cabeza el torro en jersey rojo con los ojos que saltaban chispas de alegría. E. oyó en su interior el mensaje de su mineral: “No puedes salvar a nadie porque la salvación de otros no depende de ti. Sin embargo puedes salvar lo que resguarda el laberinto de la Diosa. El único tesoro. Puedes salvarte a ti. Tu parte salvaje, tu fuerza. Solo tienes que mirar hacia dentro. Ponerte a ti misma en primer lugar por encima de tus propias exigencias. ¡Adéntrate en el laberinto donde te espera lo desconocido! ¡Abrígalo y abraza! Así conseguirás desenredar tu vida. No luches conmigo. No es mi intención. Entiende mi función en tu vida. Soy tu maestra que te acompaña hacia el laberinto de tu corazón. Hacia dentro.” E. cogió de mano al Minotauro. Se miraron a los ojos y empezaron a caminar juntos.

El tejido

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Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación sentí la energía del Cuarzo Aura fluyendo con mucha facilidad a través de la garganta de A. No percibía el resto de su cuerpo. Solo su cuello del cual salían olas de la energía de color del mineral que se expandían entre la luz blanca convirtiéndose en las cintas que opalizaban y hacían destellos de arcoíris. Me di cuenta de que una y otra vez me estaba despistando como si la energía era tan elevada y al mismo tiempo sutil que no consiguiera seguirla y darle forma. Intuía que a A. podría pasar lo mismo.

Se activó la energía del Ágata. La imagen cambió. Vi a A. sentada enfrente de un antiguo telar de madera. Era la energía del Ágata que había creado la herramienta para que A. pudiera entrelazar los hilos que creaba junto con la energía del Cuarzo Aura. Todo estaba preparado pero la mujer no empezaba a tejer. Faltaba algo. Pero ni siquiera ella sabía qué. Miró sus manos donde estaba una pieza, una lanzadera, donde debería estar enrollado el hilo necesario para tejer.  Estaba vacía. De repente sintió la presencia de alguien detrás de ella. Dio media vuelta y vio a un extraño hombre apoyado en el marco de la puerta. Se dio cuenta de que no era un hombre normal. Era el lobo convertido en el hombre.  Cuando lo pensó en la cara del hombre se dibujo una gran sonrisa como si ella hubiera aprobado un examen. Se convirtió en el lobo y se acercó al telar. Se sentó al lado izquierdo de A. que supo que acababa de llegar lo que le faltaba. Miró a su lobo. En su cuello colgaba una llave. La cogió y entonces en sus manos apareció una cajita muy bonita. La abrió con la llave. Dentro vio su corazón. Eso no la sorprendió nada de nada. Lo cogió como si fuera un manojo de lana cruda de color rojo. Primero lo hilo y luego se puso a tejer creando una preciosa tela de color de su corazón.

Otra vez cambió el escenario. Vi a A. suspendida en el aire. De sus manos salían los rayos de color crema como el del Ágata, de la garganta otro de color del Cuarzo Aura y del corazón uno de color rojo. Juntos creaban un hilo precioso que se perdía en el infinito. A. estaba segura y contenta viendo como daba forma a los rayos de colores convirtiéndolos en el hilo precioso y mágico.

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La Chispa

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Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación vi una imagen muy curiosa. Era una esfera que parecía ser de algún metal muy resistente. Pero al mismo tiempo emanaba oleadas de luz que se expandían en olas de colores como si fuera un arcoíris. Se presentó la energía del Ojo de Tigre e hizo posible ver que había dentro de la esfera. Las oleadas de energía que se percibía eran el resultado de choques que daba una dorada chispa que estaba encerrada dentro. Se movía a gran velocidad y al golpear a los bordes de la esfera descargaba mucha energía. Sentí a C. al lado de su Ojo de Tigre observando desde fuera la esfera metálica. El mineral la abrazó diciendo: “Es tu chispa que intentas controlar. De alguna manera lo consigues. Percibes un poco de su energía pero ni siquiera tocas su verdadero potencial. De esta manera no la controlas. La encarcelas. Lo haces de forma instintiva. Es un mecanismo de supervivencia. ¡Mira, dentro de ti! ¿Qué realmente temes?” C. miraba la esfera metálica sintiendo como su chispa fracasaba en los intentos de escapar de su cárcel. Cerró los ojos y dijo: “Tengo miedo de perderme a mí misma.” El Ojo te Tigre la abrigó todavía más y susurró a su oído: “Si encarcelas a tu chispa. Tarde o temprano te sentirás agotada. Pensarás que el camino que has elegido no es correcto. Se abrirá una brecha en la esfera y perderás tu chispa. Tus miedos se cumplirás. El miedo nunca es buen consejero. Todavía menos cuando es el miedo no reconocido, disfrazado por una mera intención de tener control. Mira, ¿has pensado por qué te caigo tan bien? Porque justo hago lo que anhelas. Sé contener el Sol dentro de mi cuerpo físico y estable. Tú también puede contener tu chispa. ¡Pero no como algo externo! Tienes que integrar tu gran potencial y entender que el único espacio que necesita es tu cuerpo físico. La verdadera vasija que necesita tu luz, es tu corazón.” C. observaba la esfera de metal con la chispa dentro y en su interior sentía que su Ojo de Tigre tenía razón. La piedra continuó: “Siente mi energía. Imagina el Sol dentro de mí. ¿Cómo es?” C. dijo solo una palabra: “¡Feliz!”. El Ojo de Tigre siguió hablando: “Sí, es feliz. Y tu chispa también estará feliz cuando realmente la incorpores dentro de ti.” C. brazada por la energía del mineral sintió como se introducía en la esfera metálica que en ese momento despareció. La mujer sintió el impacto en su corazón. Estalló allí una luz dorada. Sus rayos se conectaban primero con sus manos, luego con todos los chacras, después órganos y glándulas. Al final se percibía los hijos dorados que conectaban su corazón con cada una de sus células y un grande tubo de luz que bajaba hacia el corazón de Madre Tierra. En ese instante C. sintió como si estuviera dentro de su Sol Interno. Era una habitación en la que reinaba paz y contemplación. Miró abajo y vio a una gata negra. Oyó su voz en la cabeza. “Cuando te conectas con tu verdadero ser, con tu luz y entiendes que eres la vasija que la contiene, te das cuenta de que eres parte de la Tierra y que realmente ella te contiene a ti. Pues, puedes viajar por las dimensiones y nunca te perderás. Porque siempre tendrás el hilo dorado que te llevará a casa. Eres un ser multidimensional tal como yo. ¿Te apetece viajar conmigo?” C. se sentía muy emocionada y al mismo tiempo como si quitara un peso de encima. No se daba cuenta cuanta energía gastaba para retener a su chispa. Miró a la gata y le respondió: ¿A qué esperamos?” y sonrió sintiendo la felicidad.

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El taller

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Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación vi a A. al lado de una mesa en la que se veía los planos de una casa. A su lado estaba un arquitecto. Era la forma en la se había manifestado la energía de Jade. A. parecía frustrado. Tenía muchas ideas en la cabeza. Le parecía que todo tenía claro pero a la hora de crear un proyecto y plasmarlo en los planos algo se le escapaba. No sabía hacer realidad su sueño. El arquitecto Jade le puso la mano en el hombro para tranquilizarlo. Dijo: “A., cálmate! Lo haces todo muy bien. Solo tienes que clamar tu mente. Todo va bien y tiene el ritmo perfecto.” Apareció la energía de Malaquita. Tenía el aspecto del hombre de limpieza. Un poco refunfuñando dijo: “Este aspecto es solo para que entiendas mejor mi función. Llevo escoba, una fregona y un cubo porque hago la limpieza. Con la mente limpia puedes idear más fácilmente tu futuro.” En ese momento sentí también la energía de Amazonita. Se unió a la labor de Malaquita diciendo: “Yo refrescaré tus ideas.” A. se sintió muy feliz. Tenía consigo el arquitecto Jade que repasaba los planos. Lo que su mente no necesitaba, la energía de Malaquita llevaba hacia la Tierra. Al mismo tiempo sentía la energía de Amazonita, una suave brisa que abría su mente hacia la inspiración. Sí, A. se sentía muy feliz. En ese momento se oyó que alguien tocaba a la puerta. Cuando la abrió vio a la energía de Prehnita. No sabía si dejarla entrar. Estaba indeciso tapando la entrada con su cuerpo. Finalmente Prehnita empezó a hablar: “Bueno A., qué tal tus proyectos?” Y sin esperar la respuesta continuó: “Mira! A veces te entusiasman tanto tus sueños que se te olvida dejar la puerta abierta a la vida que también sigue fuera de tu taller. Mi función es relacionar tus dos mundos, el interno y el externo.” Apartó al hombre sorprendido y entró sin decir nada más. A. confuso siguió en la puerta. Vio fuera las energías de Piedra Sol y Cianita. Piedra Sol extendió la mano y le invitó a dar un paseo. A. resopló. No tenía ganas de salir de su taller. Ahora todo iba tan bien. Piedra Sol se acercó y susurró como si quisiera contarle un secreto: “Sabes que tu taller llevas dentro de tu corazón?” A. hizo una mueca que decía claramente que no tenía ni idea de que hablaba. Piedra Sol expandió su energía y de repente todo el taller se convirtió en un artilugio mágico y se colocó en su corazón. Cianita dijo en voz muy alta: “Ey, yo también sé hacer magia!” Y convirtió todo el mundo externo en otro artefacto que también se situó en su corazón. La imagen era espectacular. A., Piedra Sol y Cianita estaban suspendidos en el cosmos. Se veía las estrellas y las galaxias. Piedra Sol y Cianita en forma de dos personas pusieron sus manos en los hombros de A. y crearon juntos un círculo. El hombre cerró los ojos recibiendo la energía de los minerales. Piedra Sol comenzó a explicar lo que había pasado. Dijo: “Tu mundo interno está bien sostenido por la energía de Malaquita, Jade y Amazonita. Allí creas tus proyectos. Pero necesitas entender que aunque constituyen una parte primordial para ti si no abres la puerta al mundo exterior no podrán florecer. Yo te ayudo a expandirte.” Continuó Cianita: “Por más raro que te parezca, tus proyectos no solo influyen en el mundo que te rodea. Tienen el eco en todo el universo porque realmente todos los mundos, es uno solo.” Se oyó la voz de Prehnita: “Yo soy la energía que puede moverse entre los planos. Puedo relacionarlos. Puedo unirlos. Solo necesito que abras la puerta de tu mundo interior. Porque solo entonces, sucede la magia.”
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Horus

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Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación vi a A. de espalda alejándose de mí. La distancia se hacía cada vez más grande y no estaba segura si debería intentar alcanzarla. De repente la imagen cambió. A mi lado apareció Horus, el Dios de la cabeza de halcón del Antiguo Egipto. A. empezó a acercarse a él. Horus tenía la cabeza inclinada. Sin mirar directamente a ella, extinguió la mano para detenerla. Preguntó a dónde iba y ella respondió simplemente “voy adelante”. Y explicó: “Lo hacemos los humanos. Vamos adelante. Eso se llama la expansión.” Horus afirmó: “Una cosa es la expansión y otra huir. No se perecen nada de nada.” Guardó el silencio y luego continuó: “Cada uno de nosotros tiene las heridas. Nuestra voluntad hace posible la sanación aunque las cicatrices siempre se quedan.” Levantó la cabeza y A. dio un paso atrás, tanto la impactó la imagen. En lugar de uno de los ojos de Horus se veía un agujero vacio. La herida estaba infectada, hinchada, supuraba pus. El Hombre Halcón hizo un gesto con la mano y la herida se curó. Seguía un agujero grande pero lo que lo rodeaba era sano y tenía el color natural. A. se acercó otra vez al Dios del Antiguo Egipto y vio que en su mano había aparecido su colgante. Horus lo tapó con otra mano. Clavó su mirada en ella y preguntó: “¿Quieres que impregne mi energía en esos minerales para que puedas sanar tu herida?” A. pareció no estar segura de eso. En lugar de responder sí o no, preguntó: “Primero quiero saber cuál es mi herida.” Horus abrió sus manos para observar los minerales y luego respondió: “Te lo puedo decir. Naciste con un prisma en los ojos. Un prisma que divide en las fracciones todo lo que te rodea. Te es imposible ver la realidad tal como es porque siempre te enfocas solo en un aspecto de la verdad de la vida. Y eso hace que su real significado se te escapa y a consecuencia no consigues sentirte completa.” A. le miró con la cara que expresaba desconcierto. Susurró: “No me respondes. No es ninguna herida. No es lo que busco.” Horus clavó su único ojo en ella. Con la voz muy dulce dijo: “Sí que te respondo. Es el propósito de tu vida. Unir lo que está separado. Es lo que has llegado a aprender porque en otras vías ya habías aprendido a dividir. Para que el juego fuera más interesante has empezado la vida con la visión dividida. Tu aprendizaje se basa en sentirte entera. Y al no poder hacerlo tu herida sangra y se infecta. Estos minerales vinieron para mostrarte la unión entre tres fuerzas. El Cuarzo es ver la luz, percibir la información tal como te llega, sin interpretarla. La Amatista es la fuerza trasmudara, es todo lo que puedes aprender en esa vida. Y la Cornalina debería darte la base. Es tu cuerpo. Es amor por todo lo físico. Pero tú sueles polarizarte. Estar solo en una de las franjas y olvidar las otras. ¿Quieres que te ayude a integrar esos tres aspectos tuyos?”. A. meneó la cabeza aceptando la propuesta de Horus. Él se acercó a ella. Le puso el colgante en el cuello y luego colocó sus manos en sus ojos. A. tenía ganas de llorar. Tenía la sensación que en sus ojos había esquirlas de hielo que se derretían gracias a la energía de Horus. Tenía la sensación que hasta ahora en su vida siempre faltaba algo. Pero la verdad era que ya tenía todo. Solo que no se daba cuenta de eso. Las energías de los minerales se colocaron formando un triangulo que empezó a dar vueltas. Se situó a la altura de su tercer ojo. Horus continuó: Todo ya está perfecto. Solo que tienes que ajustar tu visión. Equilibrar tu vida de acuerdo con los tres principios. Cada día, guiada por Amatista, aprende y trasmuta la información en sabiduría. Cada día, guiada por el Cuarzo, encuentra el momento de desconectar y simplemente fluir en la luz del universo. Cada día, guiada por la Cornalina, honra tu cuerpo y mímale. Une, lo que te parece separado y así te sentirás plena y realizada.” La vibración de los minerales se expendía cada vez más. Crearon una gran esfera cuya base profundizaba en la tierra. A. abrió los ojos y vio delante de ella un camino. Miró al Horus que estaba a su lado. El Dios le preguntó: “Preparada para continuar el camino?” A. cogió aire y asintió con la cabeza. Y comenzaron a caminar.

Semillas

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Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación me pareció ver a C. como a una niña de más o menos 7 años. Estaba en un curioso bosque con muy pocos árboles. Parecía más bien una plantación de eucaliptos disparcitos en el espacio. En las manos tenía la esfera de la piedra muy grande envuelta en una tela. No parecía pesada. La niña estaba corriendo. Parecía que algo la perseguía. Su objetivo era esconder a esa piedra. El mineral susurró: “No me escondas.” Pero C. ni se percató de ello. Estaba totalmente centrada en huir del peligro. Aunque de aspecto era una niña más se parecía a una madre que a toda cuesta intenta salvar a su hija. Abrazaba el mineral teniendo cada vez más fuerte la sensación que no podía escapar. Que el peligro estaba cada vez más cerca. La esfera empezó a disminuir. Cuando C. por fin la miró vio una esfera que cabía en una sola mano. Comenzó a llorar pensando que la magia de la piedra se había desvanecido. Su primer impulso fue enterrarla. Oyó la voz del mineral a su lado: “No lo hagas. Yo nunca muero. Solo estoy representando una parte tuya. ¿Quién soy para ti?” La imagen no había cambiado pero aunque de aspecto C. seguía siendo una niña respondió C. adulta: „Eres mi luz.” El mineral no estuvo de acuerdo. “Tu luz nunca va a desaparecer, ni menguar. Lo que represento en esa escena es tu inocencia. La inocencia que querías salvar a toda costa. Inocencia que te pareció muerta. Pero no es verdad. Tu inocencia tampoco puede desaparecer. Solo se ha transformado. Se ha convertido en una semilla. Mira que llevas contigo!” C. se sorprendió porque no se había dado cuenta que llevaba una bolsa atada a su cintura. Al abrirla vio muchas semillas diferentes. El mineral continuó: “Hora te toca sembrar otras semillas. Tu inocencia es solo una de ellas. Eres ya preparada para esparcir las semillas de Dios.” C. parecía incapaz de hacerlo. La imagen era extraña como si su cuerpo comenzara a diluirse en el aire. Cerró los ojos rindiéndose. Apareció Kwan Yin, la Diosa de la Misericordia y Comisión. Con una cinta gruesa envolvió todo el cuerpo de C. Dijo: “Tu divinidad empieza en tu cuerpo. Ámalo y rodea con misericordia! Llénalo con compasión hacia ti misma. Tu alma vive en cada una de tus células. Eres una jardinera como yo. Vas a sembrar semillas por todo el mundo pero ahora, antes de empezar tienes que recuperar el sagrado espacio de tu cuerpo. Hónralo y así le devuelves la integridad.” C. sintió como le sujetaba la cinta rosa de Kwan Yin. Abrió los ojos. Ya no era una niña asustada sino una mujer preciosa. Kwan Yin continuó: “Abandona el bosque de tus recuerdos. Ven conmigo!” Le cogió de la mano y la guió hacia una preciosa jungla llena de vida. Contemplando la exuberancia de la vida, le dijo a C.: “Este es el lugar donde crecerán tus semillas. Es un nuevo sitio para que puedas empezar de nuevo.” C. miró su mineral. Lo vio como una gran puerta hacia la infinidad de las potencialidades. Como la apertura hacia el universo. Y al mismo tiempo como una bolsa llena de semillas listas para sembrar.

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Agradecimiento

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Después de pedir el permiso para abrir el canal de comunicación vi a A. a la orilla del río, jugando con las piedras que estaban allí. El paisaje era precioso, con frondoso bosque alrededor. De entre los árboles salió una preciosa mujer. Llevaba un delicado vestido de color rosa que ondulaba con cada paso. Era esbelta y parecía una Deva. Era la energía de Cuarzo Rosa que había elegido esa forma para conectar con A. Ella la vio y echó a correr para abrazarla. Sentí mucha alegría que casi hizo que se me hubieran escapado unas lágrimas de la emoción. Al principio pensé que lo recibía de A. pero no fue así. Era lo que sentía Cuarzo Rosa. Abrazando a la niña dijo: “Te doy infinitas gracias por tu mirada amorosa. La trasmites a todo el Reino Mineral. Te agradezco en nombre de todos nosotros. Eres como el puente que nos hace posible percibir tu mundo y sentirnos vivos. Doy gracias también a tu madre por la magia que transmite. Aprende de ella y al mismo tiempo enséñale lo que ella no conoce. Tu mirada despierta en mí una energía increíblemente elevada de agradecimiento. A tu lado siempre vibraré en ello. Por eso atraeré a tu vida las energías de luz y amor.” A. y la Mujer Cuarzo Rosa volvieron juntas a la orilla para seguir jugando. De repente del medio de las rocas grandes salió un ser mágico muy gracioso. Era de altura muy pequeña. Se parecía al personaje de la película de “Las Crónicas de Spiderwick.” Se acercó y con la voz un poco mosqueada dijo: “Soy tu Granate. Lo sé!!! No parezco tan bonito como esas hermosuras de Cuarzo Rosa y Ágata Musgo. Pero yo, soy tu valiente caballero que ha venido a cuidarte y protegerte!!!!” Sacó una espada de madera e hizo el gesto de levantarla tal como lo haría un verdadero caballero. La mujer Cuarzo Rosa no aguantó la risa porque de verdad era muy gracioso verlo. Granate la miró con frialdad: “Te he oído, guapa!!!!!” Cuarzo Rosa se sonrojó y le pidió disculpas. Ainara lo abrazó y ya mucho más tranquilo empezó a jugar con ella.

En ese momento se activó la energía de Ágata Musgo. Sentí como su energía llenaba por completo el cuerpo de A. fusionándose con él. A. oyó su voz en su interior: “Puede llegar un día que dudes en tu propia belleza. A veces los comentarios de las personas pueden parecer muy crueles. Pero solo son las palabras de los seres que todavía no han encontrado el camino hacia su luz y su belleza. Eres un maravilloso ser. Tan bonito como lo soy yo. Si me consideras preciosa es porque tú lo eres también. Yo, soy otro tú.” A. tenía los ojos cerrados sintiendo la energía de Ágata Musgo. Era como una brisa agradable que traspasaba todo su cuerpo. Abrió los ojos mirando a su Cuarzo Rosa y Granate. Sabía que estaba muy bien acompañada. Contempló el mágico paisaje que la rodeaba. Y luego volvió a jugar.

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Jugar o no jugar

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Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación vi a J. sentada en una silla, con los ojos tapados por una cinta. Sus amigos estaban detrás de ella. Eso parecía un tipo de juego pero yo no lo reconocía. La energía de Sodalita se acercó, puso la mano en su hombro y susurró: “¿Por qué juegas, si no te apetece?” J. quitó la cinta de los ojos y le miró. Su mirada era muy intensa, parecía enfadada. Tenía ganas de decirle que no tenía razón porque le encantaba el juego pero no era la verdad. Por eso solo dijo: “Todos juegan. No tengo solución, tengo que jugar también.” Sodalita propuso: “¿Y qué pasaría si crearas tus propias reglas del juego?” J. movió la cabeza mostrando su desaprobación: “Pocas cosas dependen de mi.” Parecía como si ya se hubiera rendido. Dentro de ella todavía había una chispa pero eran más bien la chispa de la rabia por haber perdido la partida de ese ilusorio juego que le parecía que estaba jugando. Sodalita le ayudó a levantarse y empezaron a caminar juntos. Abrazada por la energía de Sodalita J. escuchaba sus palabras: “Muchas veces os perece a los humanos que poco depende de nosotros. Y quizás tengáis la razón. Porque esperáis cambiar las circunstancias que os rodean y a menudo las circunstancias no puedes cambiar. Si estás en casa, estás rodeada por tus familiares. Si estás en la escuela por tus amigos. No los puedes cambiar. Pero lo que si depende de ti y en lo que tienes la libertad absoluta es la forma de reaccionar frente a las circunstancias. Mira, insistes en que no tienes la libertad. Pero mira, puedes andar ahora,¿ verdad? Imagina a un árbol. ¿Crees que no es libre al tener raíces y no poder moverse?” J. nunca se había hecho una repregunta así. Un majestuoso roble le parecía el Rey del bosque. Pero era verdad, no se podía desplazar. Sodalita continuó: “Todo depende de cómo interpretarás tus circunstancias. Por ahora quiero conectarte con los arboles para que sientas la paz que se experimenta aceptando las condiciones que trae la vida y al mismo tiempo la felicidad que sale de la certeza que eres la Reina de tu propio bosque.” Percibí las energías de varios árboles. Al final sentí las secuoyas con sus anchos y altos troncos. Sodalita reanudó su discurso: “Dentro de ti hay una niña. Estará en tu interior siempre. Tu edad no importa. Tienes que cuidarla. Permítete llevar su inocencia dentro de ti. Incluso cuando tengas 100 años. Necesitas su alegría para afrontar las circunstancias que parecen serias. Ríete de los juegos que no te gustan. Da espalda a los jugadores y vete al bosque de tu alma.” Vi a J. debajo de la gran secuoya. Se convirtió en un hada. Con las alas empezó a volar a gran velocidad entre los gigantescos troncos. Ese era su mundo. Se sentía libre y feliz. Sintió la energía de Ágata Negra. Era como la brillante sombra negra que jugada con ella al escondite. Poco a poco se hizo de noche. Se acercaron al borde del bosque y de lejos vieron las luces de un pequeño pueblo. Allí J. paró sin saber qué hacer. Ágata le dijo: “Hay hadas que viven entre los humanos. No siempre es fácil. A veces se sientan tan raras que intentan a toda costa olvidar quien son. Pero no puedes dar la espalda a tu verdadero ser. Eso siempre te hará infeliz y te llenará de rabia. Pero si no olvides quien eres podrás vivir plenamente entre las personas. Solo es necesario que crees tus normas del juego al unísono con el latido de tu corazón de hada. Siente tu bosque y disfruta de la divertida vida ente los humanos.” J. miraba el pueblo. Cuando dio primer paso hacia él, desaparecieron sus alas y ella se hizo más grande. Pero sus pasos eran firmes. Se acercaba al pueblo sabiendo que nunca más participaría en los juegos que no le gustaban.

Mariposas

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Después de pedir permiso para abrir canal de comunicación vi a N. y J. en alguna otra vida. Ella estaba mirando el espejo de un tocador peinando el pelo largo. Él entró vestido de traje de rayas, con bigote fino como de los años 20. Sentí la energía de Rodonita que creó una esfera de luz rosada que alejó ese recuerdo. Percibí el mensaje para N. y J.: “Habéis pasado muchas vidas juntos. A veces como pareja, a veces como amigos. Pero en ese momento todo eso no importa. Solo vuestro presente tiene verdadero valor. Pero el amor que habéis sentido por vosotros en otras vidas crea un tipo de crisálida. Antes de conoceros erais como las orugas. Viviendo su experiencia de una manera muy diferente que ahora. Pero vuestro amor os da la posibilidad de convertirse en mariposa. Mi intención es crear un espacio sagrado para que cada noche pueda ocurrir la magia de reencontraros. Es el momento de cambio posible gracias a vuestro reencuentro. Es el espacio sagrado del silencio en el cual la oruga se convierte en la mariposa. Cada mañana os despertáis como una preciosa mariposa, diferente que el día anterior. Cada día más hermosa, cada día más consciente de su belleza, cada díaiviendo más intensamente el amor que no tiene límites.”

Continuó Malaquita: “Os doy una herramienta muy práctica. Imaginad que al pasar la puerta recibís la ducha de mi energía. Dedicad tres segundos a conectar conmigo. Cerrad los ojos y visualizad mi energía que traspasa vuestro cuerpo. Me llaman Malaquita, la que mal quita, y eso haré para vosotros.” Los otros minerales no tardaron en añadir sus ideas. Cuarzo dijo que llenaría todo el espacio con su luz. Prehnita añadió: “Yo os ayudaré a bucear plácidamente por vuestro cuerpo acuoso de emociones. Dejad detrás de la puerta las tormentas. Aquí en vuestra habitación solo reina la calma.” Turquesa hizo un guiño: “Pero no os preocupéis no será aburrido. Yo cubriré vuestra cama con la manta de alergia y disfrute para que juguéis como los niños.” Súper Siete se entusiasmó: “Eso, eso. Y yo daré la chispa. Para que todo sea todavía más divertido. Pero bueno, tranquilos. Si hace falta dormir, se duerme.” Y otra vez hizo un guiño. Me centré en Ágata Árbol y en la Mookaita. Percibí como los dos minerales representan uno a N. y otro a J. Los veía como a dos enormes y preciosas galaxias que recogían las energías de otros minerales. Sentí el mensaje: “Vuestro baile es infinito. Os acercáis y luego necesitáis más espacio. Os queremos mostrar que cada uno de vosotros necesita de vez en cuando su espacio. Eso sale de vuestro interior y no tiene nada que ver con el otro. Si respetáis vuestros ritmos, vuestro baile será armonioso. Nunca tengáis miedo de que el otro se vaya porque vuestro amor ejerce la fuerza de gravedad increíble y siempre os vais a reencontrar. Pero no olvidéis cuidar vuestros espacios. De verdad os queréis justo por la gran admiración que sentís, contemplando los espacios íntimos del otro. Cuidadlos! Así vuestro baile no terminará nunca.”

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El dragón y el hada

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Después de pedir permiso para abrir el canal de comunicación vi a E. entrando en una gran sala llena de gente. Todos la miraron y empezaron a aplaudir. Sorprendida y desconcertada pasaba entre las personas que le cedían paso para que pudiera llegar a una mujer que encarnaba la energía de Ágata Musgo y a un hombre que seguramente era Jaspe Rojo. La mujer Ágata Musgo estaba radiante, muy contenta y el hombre Jaspe parecía serio y severo. Al acercarse a ellos E. miró a Ágata Musgo esperando algunas explicaciones. La mujer sonrió todavía más diciendo: “Lo has conseguido! Ya estás donde querías estar!” E. meneó la cabeza y muy bajito murmuró: “Nooo. No es eso que estaba buscando.” Ágata Musgo sin dejar de sonreír movió la cabeza en la señal que sí y E. señaló otra vez lo contrario y empezó a dar unos pasos para alejarse de las energías de las piedras. Como si fuera poco sintió el cosquilleo en la espalda y vio que le salían grandes y delicadas alas de un hada. Eso tampoco le gustó. Miró a la gente que la rodeaba y aunque todos le sonreían ella se sintió ridícula con esas alas. En todo eso, de repente su Jaspe sacó desfibrilador y con la cara burlona susurró: “Es que no se da cuenta. Tenemos que electrocutarla para que se entere de su valía.” E. dio unos pasos más tras ahora también asustada. Ágata Musgo sujetó al Jaspe con cara de poco amigos y le riñó: “Deja las bromas tontas!” A E. todo eso no le hacía ninguna gracia. De repente sintió mucha pena y tristeza en su interior. Se derrumbó y se puso a llorar: “Es que yo quería que me dierais un mensaje. Un verdadero mensaje. Y vosotros me venís con toda esa farsa! La fiesta ridícula, las alas que no me sirven de nada, desfibrilador y tú Ágata tan contenta. Es que no veis que no puedo más. Estoy tan cansada.” Parecía como si no tuviera fuerzas ni para llorar. Se acercó la mujer Ágata. Se sentó en el suelo al lado de E. La abrazó y permitió que llorara apoyada en su hombro. Y luego muy suave le dijo: “Es que de verdad ya tienes todo lo que necesitas.” Tocó la frente de E. y activó su tercer ojo. La inundó la sensación de calma y claridad. Era como coger el aire por primera vez. Como si de repente todos los velos desaparecieran. Cerró los ojos y solo sentía la paz. Cuando los abrió estaba en su casa. Oyó por dentro la voz de Jaspe Rojo. Preguntó: “De verdad es lo que quieres?” Ella cerró otra vez los ojos. Cuando los volvió a abrir estaba entre las montaña. Sintió el peso en la espalda. Eran las alas pero no eran de un hada sino del dragón. Ella entera se convirtió en un gigantesco dragón. Miró a su lado y vio a un pequeño dragón rojo que más parecía a un perrito gracioso con alas. Pensé que menudo Jaspe gracioso le había tocado a E. Le susurré al oído: “Por favor, no la electrocutes!” Me hizo un guiño susurrando en la respuesta: “Y por qué no?” Pero luego ya en voz alta le dijo a E.: “Eres un dragón escondido en el cuerpo del hada, viviendo la experiencia humana. Pues, ya entiendes. Es un reto. Lo tienes complicado. Pero mira, ahora vamos a volar juntos. Abre las alas y ven a volar conmigo.” E. seguía sorprendida con su cuerpazo gigantesco pero estaba contenta y serena cuando echo a correr y luego volar detrás de su gracioso Jaspe Rojo.